¿ES POSIBLE CAMBIAR NUESTRA FORMA DE SER?

Una pregunta muy frecuente que se plantean muchas personas antes de solicitar asistencia psicológica, o bien una vez que empiezan un proceso de terapia, es si realmente es posible cambiar nuestra forma de ser, concretamente aquellos aspectos que les ocasionan malestar e infelicidad. Todo el mundo ha escuchado alguna vez una frase como «la persona que es de una manera, no cambia, se termina muriendo así, es inevitable, va en sus genes», «para que alguien cambie es necesario que vuelva a nacer», y son muchas personas que tienen esta manera de pensar. Otras muchas creen que quien quiere cambiar algo de sí mismas, pueden hacerlo si de
verdad se lo proponen con ahínco.Es posible cambiar nuestra forma de ser

Para poder dar una respuesta rigurosa y fiable hay que acudir a la Psicología, concretamente al ámbito de la Personalidad y la Modificación de la Conducta. A lo largo del desarrollo evolutivo, la personalidad va conformándose en una continua interacción entre la influencia genética y la influencia ambiental a la que se ve sometida cada persona. Por lo tanto, nuestra forma de ser, no es algo estático e inamovible, sino algo dinámico y en continuo proceso de cambio. No obstante, cuando los pilares de nuestra personalidad se asientan, los cambios son menos drásticos y llamativos. En los estadios iniciales de la vida de todo ser humano, la influencia de su carga genética es el elemento predominante, siendo la influencia ambiental bastante leve. De manera inversa, cuantos más años van pasando, la influencia genética cada vez es menor y la que va ejerciendo el ambiente es progresivamente creciente. Por influencia ambiental, se entiende el cómo hemos aprendido a ser, como resultado de nuestra propia historia personal: tipo de educación recibida, vivencias, etc.

Por otra parte, la Modificación de la Conducta, es un área de la psicología que cuenta con un gran y variado arsenal de técnicas y herramientas terapéuticas, ampliamente avaladas científicamente, que permiten el diseño de un tratamiento encaminado a la consecución de un cambio en la persona, para alcanzar superar una situación de malestar, un problema o un determinado trastorno. Dichos cambios van específicamente dirigidos a modificar comportamientos, emociones y pensamientos que generan un malestar clínicamente significativo, pues perturban el adecuado funcionamiento del individuo en su vida diaria.

Por lo tanto, puede concluirse que el ser humano puede cambiar aquellos aspectos de su personalidad que considera que le están resultando perjudiciales o dañinos. No obstante, dicho cambio no es instantáneo, como pulsar un botón, sino que implica un esfuerzo sostenido en el tiempo, un trabajo progresivo que supone manejar la frustración de ir subiendo una escalera peldaño a peldaño y saber que hay que esperar al final para obtener la recompensa, aunque pueda motivar el saber que se va por buen camino y que cada vez queda menos. Claramente, el cambio es posible, pero exige que la persona que lo emprende sea lo suficientemente madura emocionalmente para que sepa soportar la frustración que implica trabajar en algo que le supone un esfuerzo, así como tener la suficiente paciencia para llegar al final y disfrutar de su ansiado logro, que reforzará aún más su madurez emocional.

El cambio es totalmente posible, pero exige salir de la zona de confort, todo a lo que estamos acostumbrados, para ir a buscar nuevas formas de comportarse, pensar y sentir. La dificultad del camino será mayor cuantos más elementos sean necesarios modificar y cuánto más enraizados se encuentren dichos elementos en la estructura de la personalidad de la persona. Este proceso, por lo general, no suele ser fácil porque ¿quién cambia donuts por zanahorias?